martes, 5 de julio de 2011

Relatos de frío.

Sentados los cuatro en el interior de la minúscula tienda de campaña, era de noche ya, aunque la luna dejaba ver las sombras cercanas del bosque. Alguien empezó a contar historias, mas bien leyendas, de caballeros medievales sin cabeza, trotando en sus monturas por esas tierras en las noches precisamente... de plenilunio. Las suaves ráfagas del gélido viento pirenaico se dejaban oír cada poco, cuando cesaban... el silencio se hacía espeso, aguzabas los oídos para percibir sonidos que nunca llegaban, hasta que el viento volvía a sonar, acariciando sin delicadeza el techo de la tienda, que parecía querer marcharse. Seguía la leyenda palpitando fantasmas sobre corceles gigantes, ensangrentados por batallas pretéritas, enfurecidos en busca de la justicia otrora negada y ahora imposible. Otra vez silencio... y un murmullo, a lo lejos, acercándose ahora... mas fuerte.
-Apaga esa luz.
Y el viento volvió, apagando otros sonidos. Todos quietos, con la mirada puesta en la cremallera de la entrada, parecía que en cualquier momento pudiera abrirse.
Ceso la noche por fin, la luz  pintaba sobre la tela, en tonos grises de invierno un nuevo día, alguien descorrió la cremallera y se atrevió a asomar la cabeza, sobre la nieve... las marcas de herradura, ¿quien sabe?.

 

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