martes, 23 de noviembre de 2010

Guerras.

Es fea la palabra, tan fea, que hasta pronunciarla carece de sentido. Devastadora ya en su significado, desposeída hoy del mas lejano atisbo de romanticismo. Cruel hasta sus entrañas, devoradora de esencias humanas, atroz en la mirada y hasta en su reflejo.
Solo queda tras de ella la destrucción tranquila, sin sentido, sin sentimiento, la nada.
Me sorprendió en Belchite esa calma, esa nada, ese volver de la naturaleza a sus rincones como quien vuelve a ocupar su espacio con plena conformidad. Ni siquiera los fantasmas parecen querer quedarse en un lugar que podría ser su reino.
En ese desierto, nadie gana.

                                                  Belchite

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