domingo, 18 de marzo de 2012

¿Sinsentido?.

Mientras masticaba tranquilamente el bocata de mortadela que cada día le preparaba su nuera. Benigno se preguntaba si su nuevo amigo no sería realmente un extraterrestre del planeta Comoquiera, o si mas bien se  había escapado de algún manicomio cercano. Viéndolo devorar el césped tendía a inclinarse más por lo segundo, no cabía duda. Pero lo tenía distraído, hacia tiempo que nadie se sentaba un rato con él.
Cuando su marciano dijo que tenía hambre, quiso ofrecerle sin remilgos su monótono bocadillo, pero este lo rechazó dirigiendo sus pasos hacia el chalet mas próximo por fortuna deshabitado,  todavía en vísperas de semana santa. Salto la valla casi sin esfuerzo, como si lo de la gravedad no fuera con él y se acerco hasta la piscina rodeada de hierba húmeda y de un color verde inmaculado. Sentado sobre él poyete sobre el que nacía la valla, Benigno observaba a su amigo que cual moderno Atila, desforestaba sin piedad el jardín de la piscina, a su paso las calvas sobre el césped se extendían mas allá del horizonte, valga la licencia poética.
Un sonoro eructo lo saco de su ensimismamiento, el amigo se revolcaba feliz sobre la tierra resultante de su desaguisado, se incorporo sonriente y de nuevo de un salto se planto a su lado.
Por un momento Benigno se imagino a Bermudez, el dueño del chalet, aparcando su descapotable al borde de la piscina desforestada y no pudo por menos que sonreír.
- Por cierto, no me has dicho tu nombre.
- No tengo, ya te dije que la manía de apellidarlo todo era cosa vuestra. ¿Donde vamos?.
- Volvamos a la playa, hace solecito y se agradece, ahora salen las barcas a pescar.
- Y los peces. ¿Que dicen al respecto?.
- Los peces no hablan.
- Aquí todo el mundo habla.
- Pues esa hierba que te has comido parecía mas bien muda.
- Ahora no te entiendo.
- Sinsentido.
- ¿Que?.
- Te llamare Sinsentido, ya esta.
Se acercaron hasta el paseo y se sentaron a dejar pasar la tarde con el sol calentándoles la espalda mientras veían las barcas salir.


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