viernes, 17 de diciembre de 2010

Historias de un particular. - El encuentro -.

Andaba azorado con mi extraña prisa, detrás de unas risas que creí reconocer, le eche un ultimo vistazo a una de las cristaleras sin detenerme, la idea de un paseo tranquilo por Breda y su cerámica se había desvanecido. Gire a la izquierda por la calle de la entrada y pude verlos subiendo en el coche aparcado justo al lado del mio, mientras me acercaba los vi marchar carretera abajo.
Al poner la llave para abrir la puerta, decidí tomarme dos minutos de repaso a lo que estaba haciendo, ridículo... Conducía ya por la misma carretera, demasiado deprisa otra vez, al llegar a la rotonda los vi girar a la derecha, en sentido contrario al que yo debería dirigirme... gire a la derecha y así nuevamente camino de Gualba, un pueblecito minúsculo y sin salida posible, desaceleré, mas despacio, por allí no podía perderlos.
Cruzaron el pueblo y giraron a la izquierda, riera abajo por el camino del cementerio. Decidí dejar el mio al lado de las escuelas y cruzar por un camino que llegaba por detrás hasta una casa abandonada junto al puente de la riera, no había salida mas allá de una ermita a un kilómetro. Al asomarme los vi parados al lado del puente, cuchicheaban, lo que me pareció curioso, por allí no había nadie que pudiera oírlos, los niños parecían dormir en el vehículo e imagine que sería por eso, después de lo que parecía una dicursión en voz baja entraron por una de las paredes derruidas de la casa.


Había cogido mi cesta de buscador de setas y me pareció buen disfraz para acercarme, eso si, sigiloso hasta la entrada. Cada vez entendía menos lo que estaba haciendo, pero ahí estaba, delante de la casa en ruinas dispuesto a entrar. Me recibió un patio oscuro, la luz entraba por las rendijas de un techo dispuesto a caerse cualquier día. Se oían susurros al fondo y un ruido de cascotes al caer sobre el suelo, mire arriba con desconfianza. Delante mío una abertura oscura en la pared y luego un pasadizo, encima una leyenda.


Tras el umbral, nada vuelve a ser igual. A pesar de lo tosco de las letras no pude evitar un estremecimiento interno. Estaba ya decidiendo que lo mejor que podía hacer era marcharme de allí tranquilamente sin hacer ruido, el pasadizo era muy oscuro y mi disfraz de recogedor de setas quedaría un tanto extraño dentro, creo que ya había cubierto el cupo de tonterías ese día, cuando percibí una sombra dirigiéndose hacía donde yo estaba, me senté en el suelo pegado a la pared, otra tontería, una mano cálida me tapo la boca mientras con el gesto me rogaba silencio. Me tendió un papel arrugado con unas letras y me pidió que me marchara, que ya lo entendería, entender que le dije. Desapareció otra vez por el corredor, otra vez su espalda levemente.
Me levante aturdido pero obediente y decidí dedicarme un atardecer marino cerca de casa, el cielo estaba nublándose pero me merecía ese premio con el que digerir un día tan extraño, mire el papel, escrito estaba lo que parecía un correo electrónico con letras sin nombre reproducible, cada vez entendía menos.
El sol se acababa de poner cuando llegue y me quede admirando el centinela de roca que parecía querer entenderme.

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