viernes, 10 de diciembre de 2010

Historias de un particular III.

El camino transcurre jugando con la riera, ahora me acerco, ahora me alejo. Los Castaños centenarios con sus grandes oquedades parecen vigilarte, me abrazo a ellos no sin cierto temor, es una costumbre, te dejan una sensación como de energía recuperada. Mas adelante la humedad del lugar se hace evidente, el camino se estrecha y se encharca, ya no puedes evitar mojarte los pies, a la izquierda el murmullo de una fuente casi de apariencia prehistórica si no fuera por un vaso perenne que cuelga de una rama, siempre esta ahí, lo lavas, bebes y prosigues, ahí no puedes pararte a observar los insectos, están en su reíno y son demasiados hasta para mi. De pronto llego al primer obstáculo, hay que cruzarla, me quedo embobado con el color rojo del agua, en realidad el lecho y las rocas le dan esa apariencia de rojo recién lavado, junto con el sonoro ruido de los continuos saltos de agua y unas paredes cada vez mas altas y mas cerradas, si quedaba algo de mi vida anterior siempre parece esfumarse.

Tras una leve subida entre rocas llego a una cascada como de ramo de novia, ancho y perfecto en su caída. Para mi sorpresa una pareja disfruta tranquila del lugar, sentados desnudos al borde del agua, de espaldas a mi, casi ni se percatan de mi presencia o simplemente me ignoran.
Se que en verano algunos grupos acampan por aquí y practican el nudismo, pero no esperaba encontrarme a nadie en Septiembre, aunque la temperatura es agradable.
Un nuevo desnivel y me alejo raudo con cierta timidez, ahora me parece oír unas risas, son niños creo, mas arriba hay un salto precioso, pero para verlo tienes que desviarte unos metros y las risas parecen provenir de allí, no obstante me acerco, no quiero perderme ese espectáculo, al girar tras pasar un pequeño repecho mis ojos se detienen en su espalda, sentada al borde de la cascada no puedo evitar abstraerme  y admirarla, ella no me ha visto todavía, las risas...dos niños corriendo..se gira... y me sonríe como si supiera que estaba ahí, saludo me giro y camino deprisa, hay algo en su mirada que recuerdo, pero estoy aturdido y un poquito avergonzado, así que me alejo.


¿ Has oído hablar de las mujeres de agua?.

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